Historia y Marcas

Historia del juguete · Ibi, Alicante

Rico S.A.:
74 años fabricando
los coches que todos queríamos

De un pequeño taller fundado por cuatro ex trabajadores de Payá a la marca de vehículos teledirigidos más deseada de España: la historia de Rico S.A. y sus legendarios modelos a escala

Historia industrial · Ibi 1910 – 1984 Retrojoal.com

Si en los años setenta algún niño español miraba con los ojos abiertos de par en par el escaparate de una juguetería, había bastantes probabilidades de que al otro lado del cristal hubiera un Rico. Un camión Pegaso naranja y azul. Un Mercedes plateado con mando a cable. Un autobús con las luces encendidas. Eran caros, inalcanzables para muchos, y precisamente por eso eran tan deseados. Rico S.A. no fabricaba juguetes baratos: fabricaba sueños con precio elevado, y eso, paradójicamente, fue parte de su grandeza y también de su perdición.

El origen: cuatro trabajadores y una segunda oportunidad

Todo empezó, como tantas otras cosas en Ibi, dentro de las naves de Payá Hermanos. En 1910, cuatro trabajadores cualificados de la primera y más grande fábrica juguetera de España —Agapito Verdú, Miguel Pina, Jaime Bostand y Joaquín Doménech— decidieron que era el momento de montar algo propio. La iniciativa era valiente: Payá dominaba el sector, el mercado era pequeño y los recursos escasos. Pero el oficio lo tenían bien aprendido.

La empresa que fundaron se llamó inicialmente Verdú y Cía y comenzó a fabricar juguetes de hojalata en la misma tradición artesano-industrial que habían conocido en Payá. En aquella época, el plástico era ciencia ficción. Todo era metal, soldadura, litografía y mecanismos de resorte. El oficio era exigente y los resultados, cuando salían bien, podían competir con cualquier fabricante europeo.

En 1919 llegó la pieza que le faltaba al engranaje: Santiago Rico Molina, fabricante de muñecas que aportó capital, contactos comerciales y, con el tiempo, su apellido. La empresa pasó a llamarse Verdú, Rico y Cía — La Hispánica Artística. Tres años después, en 1922, Rico adquirió el control mayoritario del negocio y le dio el nombre definitivo que lo haría famoso: Rico S.A.

En 1936 Rico S.A. tenía 500 productos en catálogo y era el competidor más serio de Payá Hermanos en toda España. Todo fabricado en hojalata, todo con mecanismos de resorte, todo hecho en Ibi.

La guerra, las balas y el renacimiento

Como le ocurrió a prácticamente toda la industria de Ibi, la Guerra Civil (1936–1939) interrumpió la producción de juguetes y reconvirtió las fábricas en instalaciones de armamento. La maquinaria de Rico se trasladó a los locales de Payá Hermanos y se empleó en fabricar balas, espoletas y monedas para el esfuerzo de guerra. Los moldes de hojalata que daban forma a automóviles en miniatura empezaron a dar forma a munición.

Terminada la contienda, Rico resurgió con un producto que encajaba perfectamente en la España de la posguerra: los trenes eléctricos en miniatura. Más baratos de fabricar que los grandes vehículos, técnicamente fascinantes para la época y con una demanda creciente entre los niños que empezaban a tener acceso a algo parecido a la prosperidad, los trenes Rico se convirtieron en la línea estrella de la empresa durante los años cuarenta y cincuenta.

La era dorada: los sesenta, el plástico y los primeros coches a escala

La llegada del plástico a la industria juguetera española a mediados de los años cincuenta lo cambió todo. Rico, como el resto de fabricantes de Ibi, tuvo que adaptarse a un material que permitía formas imposibles con la hojalata, colores más vivos y costes de producción más bajos. La transición no fue sencilla, pero quienes la gestionaron bien salieron reforzados.

En los años sesenta, Rico encontró su vocación definitiva: los vehículos a escala con mecanismos eléctricos. Coches de fricción, automóviles a pilas con luces funcionales, camiones con remolque, ambulancias con sirena. El catálogo crecía cada temporada y los modelos empezaban a ser reconocibles: ya no eran vehículos genéricos, sino reproducciones más o menos fieles de modelos reales que circulaban por las calles de España.

  • 1910 Fundación como Verdú y Cía por cuatro ex trabajadores de Payá Hermanos.
  • 1919 Entra Santiago Rico Molina. La empresa pasa a llamarse Verdú, Rico y Cía — La Hispánica Artística.
  • 1922 Rico adquiere el control mayoritario. Nace oficialmente Rico S.A.
  • 1936 500 referencias en catálogo. La guerra interrumpe la producción: la fábrica fabrica munición.
  • Años 50 Renacimiento postbélico con trenes eléctricos en miniatura como producto estrella.
  • Años 60–70 Explosión del catálogo de vehículos a escala. Reconocimiento nacional e internacional.
  • 1984 Cierre de la empresa tras 74 años de actividad.

Los años setenta: el Pegaso, el Mercedes y el Ricobus

Si hay una década que define a Rico S.A. en la memoria colectiva española, es la de los setenta. Fue entonces cuando la empresa apostó a fondo por los vehículos teledirigidos con cable, una tecnología que todavía no era radiocontrol —el mando iba conectado al coche por un cable que limitaba la distancia— pero que resultaba absolutamente fascinante para los niños de la época.

El mando era grande, robusto y cargado de pilas. Tenía volante, acelerador, freno y, en los modelos más avanzados, encendido de luces. El coche respondía. Se movía. Giraba. Para un niño de 1975 aquello era casi magia. Y los modelos que Rico eligió para esa tecnología eran los más deseados del mercado español:

Los modelos más codiciados de Rico S.A.
  • Camión Pegaso (naranja y azul)
  • Mercedes 450 (gris metal)
  • Mercedes Clase G 300 4×4
  • Porsche 928
  • SEAT 131 y SEAT 1430 ranchera
  • Furgoneta Ebro
  • Autobús Ricobus
  • Camión Iveco con trailer

El camión Pegaso es probablemente la pieza más valorada hoy entre los coleccionistas. Sus colores naranja y azul cielo eran inconfundibles, sus dimensiones considerables y sus luces —delanteras e intermitentes— funcionaban a la perfección. Era un juguete que comunicaba seriedad técnica, que se parecía de verdad al camión que podías ver en la carretera. Eso era exactamente lo que Rico buscaba.

El Ricobus era otro caso aparte: un autobús de proporciones imponentes, con pasajeros en su interior, luces funcionales y un nivel de detalle que lo convertía en el objeto de deseo de cualquier escaparate navideño. No era barato. Precisamente por eso, verlo bajo el árbol era un acontecimiento.

Rico junto a Payá fue una de las primeras marcas españolas en fabricar vehículos teledirigidos. El mando tenía volante, acelerador, freno y luces. Para un niño de 1975, aquello era casi magia.


El precio, la crisis y el final

Paradójicamente, las mismas virtudes que hicieron grande a Rico S.A. contribuyeron a su caída. La apuesta por la calidad y la tecnología mantenía los precios altos en un mercado que empezaba a ser invadido por productos asiáticos mucho más baratos. La crisis del petróleo de finales de los setenta encareció las materias primas. Las grandes superficies comenzaron a imponer sus propias condiciones a los fabricantes. Y la plantilla, que había crecido durante los años de bonanza, resultaba difícil de sostener cuando los pedidos empezaban a flaquear.

A todo eso se sumó la irrupción de los videojuegos y los juguetes electrónicos, que cambiaron radicalmente los gustos de los niños españoles a principios de los ochenta. Un coche teledirigido con cable, por muy bien fabricado que estuviera, empezaba a parecer anticuado frente a una consola o un juego de ordenador.

En 1984, Rico S.A. cerró sus puertas después de 74 años de actividad ininterrumpida —salvo la pausa forzada de la guerra—. Era la misma empresa que cuatro trabajadores de Payá habían fundado en un taller de Ibi en 1910. La misma que había competido de tú a tú con el líder del sector durante décadas. La misma cuyos camiones Pegaso y Mercedes plateados siguen apareciendo hoy en subastas de coleccionismo, tan deseados como lo eran en aquel escaparate de los setenta.

El legado en la vitrina del coleccionista

Las piezas de Rico S.A. tienen hoy un valor de mercado considerable, especialmente los grandes teledirigidos en buen estado de conservación y con su caja original. El camión Pegaso, el Ricobus y el Mercedes son los más buscados y los que alcanzan precios más altos. Pero incluso los modelos más sencillos —un SEAT 1430 de fricción, una ambulancia a pilas, una caravana con enganche— tienen su público fiel entre los coleccionistas de juguete español.

Lo que hace especiales a las piezas de Rico, más allá de su rareza, es lo que representan: una forma de fabricar juguetes que ponía la calidad por delante del precio, que apostaba por la reproducción fiel de vehículos reales, que trataba al niño como alguien capaz de apreciar el detalle. En eso, Rico S.A. y JOAL, contemporáneas y vecinas en el mismo ecosistema industrial de Ibi, compartían exactamente la misma filosofía.