Historia y Marcas

Historia del juguete · Ibi, Alicante

Payá Hermanos:
la fábrica que inventó
la industria del juguete en España

De un taller de hojalateros a la empresa más importante del sector en España: la historia de la familia que transformó un pueblo agrícola en la capital mundial del juguete

Historia industrial · Ibi 1893 – 2006 Retrojoal.com

A finales del siglo XIX, Ibi era un pueblo de cuatro mil almas dedicado a la agricultura en el interior de Alicante. Sus suelos eran pobres, las cosechas inciertas y el horizonte económico tenía poco que ofrecer. Nada hacía presagiar que, en pocas décadas, ese mismo pueblo se convertiría en la capital española del juguete y en una referencia internacional del sector. Todo empezó con una familia de hojalateros, una tartana de metal pintada a mano y una idea que nadie más había tenido en España.

De la hojalata al juguete: el origen de todo

Los Payá eran hojalateros. Su oficio consistía en instalar canalizaciones de agua, fabricar artículos domésticos de hojalata y reparar instrumentos de cocina. Era un trabajo honrado pero modesto, sin grandes perspectivas. Lo que cambió todo fue una intuición tan sencilla que resulta casi difícil de explicar: a finales del siglo XIX, uno de los miembros de la familia comenzó a reproducir en metal pequeño algunos de los objetos que fabricaba para el hogar y a ofrecerlos como juguetes.

El primer resultado documentado fue una pequeña tartana —el carruaje de caballos típico del levante español— modelada en hojalata y pintada a mano. Los feriantes de la comarca comenzaron a revenderla en los pueblos cercanos. La acogida fue inmediata. Aquellos objetos diminutos, que reproducían el mundo adulto a escala de bolsillo, fascinaban a los niños de una época en que el juguete era un artículo de lujo casi inaccesible para las familias trabajadoras.

En 1905, Rafael Payá Picó tomó la decisión que lo cambiaría todo: vendió el taller de hojalatería a sus hijos Vicente, Pascual y Emilio Payá Lloret para que se dedicaran por completo a la fabricación de juguetes. Nacía así formalmente Payá Hermanos, la primera empresa juguetera de Ibi y, con el tiempo, la más importante de España.

La primera fábrica de juguetes de España

Los tres hermanos Payá entendieron desde el principio que el juguete no podía ser solo artesanía. Para crecer necesitaban producción industrial: máquinas, procesos, volumen. En 1909 presentaron su primer muestrario propio en la Exposición Regional Valenciana y regresaron a Ibi cargados de premios. Era la primera vez que un fabricante español de juguetes recibía un reconocimiento de ese calibre.

La progresión fue constante. En 1915, Payá Hermanos era ya la fábrica de juguetes más importante de España, con cientos de operarios y una gama de productos que no dejaba de crecer: caballos de arrastre, trenes, barcos, aviones, automóviles en miniatura y toda clase de mecanismos de resorte que convertían los juguetes en objetos casi mágicos. Fueron pioneros en dotar a sus productos de movimiento, en una época en que la mayoría de los juguetes eran objetos estáticos.

En 1931 sacaron al mercado el Cine Sonoro Rai: el primer cine sonoro en juguete del mundo, patentado en siete países. El fabricante francés Bugatti tenía en su despacho un coche de carreras Payá.

La Gran Guerra, la cuchillería y los años de crecimiento

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 sacudió el mercado europeo del juguete: las grandes fábricas alemanas —que dominaban el sector— dejaron de exportar. Payá aprovechó el hueco, pero no solo con juguetes. En 1912 había abierto una sección de cuchillería que durante la guerra se convirtió en su principal fuente de ingresos. La capacidad de pivotar entre productos fue una de las claves de su supervivencia durante las décadas siguientes.

Los años veinte trajeron nuevas dificultades —escasez de materias primas, la crisis del 29— pero también nuevas ideas. En 1931, Payá lanzó al mercado el Cine Sonoro Rai, el primer cine sonoro en formato juguete del mundo, patentado en siete países. Ese mismo año fabricó el coche de carreras Bugatti que se haría legendario entre los coleccionistas. La historia cuenta que el propio fabricante francés tenía un ejemplar en su despacho.

La guerra, las balas y la posguerra

La Guerra Civil española (1936–1939) interrumpió la producción de juguetes de forma abrupta. La fábrica fue incautada y militarizada: durante años, las instalaciones que habían producido tartanas y locomotoras en miniatura se dedicaron a fabricar munición para el frente republicano. Algunas fuentes hablan de hasta 600.000 balas diarias en turnos de veinticuatro horas sin parar.

Terminada la guerra, comenzó otra: la del hambre y la autarquía. Durante los años cuarenta, con los salarios por los suelos y el coste de la vida disparado, el juguete era casi un artículo de lujo. Aun así, Payá sobrevivió y encontró su camino en la posguerra con un producto que se convertiría en su símbolo más duradero: los trenes eléctricos en miniatura. La Locomotora Santa Fe —la primera locomotora eléctrica fabricada en España— se convirtió en el deseo navideño de toda una generación.

La era dorada: los años cincuenta y sesenta

  • 1948 Payá compra la primera máquina de inyección de plástico de España, una Sandretto italiana. Pioneros absolutos en la industria nacional.
  • 1954 Fabrican el primer juguete íntegramente de plástico: el «Arre caballito».
  • 1963 El Tiburón Citroën Payá se convierte en el primer juguete anunciado en Televisión Española.
  • 1964 El catálogo supera los 800 referencias. La fábrica de Ibi es la más grande y diversificada de España.

Los cincuenta y sesenta fueron los años de oro. España comenzaba a salir del hambre, el desarrollismo traía trabajo y consumo, y los niños —por primera vez en décadas— podían tener juguetes de verdad. Payá lo tenía todo: maquinaria, catálogo, distribución y una marca reconocida en toda España. En 1942 habían fundado la primera Escuela de Formación Profesional del sector juguetera en España, un semillero del que saldría toda una generación de industriales ibenses.

El efecto Payá — empresas nacidas de su cantera
  • Verdú y Cía (1910)
  • Juguetes Rico (1910)
  • González y Cía (1925)
  • Claudio Reig Company (1934)
  • La Mecánica Ibense (1940)
  • Manuel Picó Gisbert (1942)
  • Moltó (1955)
  • JOAL (1949 / S.L. 1959)

La gran cantera: cómo Payá creó un ecosistema industrial

Uno de los legados más extraordinarios de Payá Hermanos no son sus juguetes, sino las empresas que creó sin proponérselo. Durante décadas, la fábrica fue la escuela de toda la industria juguetera de Ibi. Mecánicos, matriceros, pintores y comerciales que aprendieron el oficio dentro de sus naves acabaron fundando sus propios talleres, a veces con el beneplácito de los Payá, a veces en silencio.

La historia de JOAL —que protagoniza buena parte del contenido de este sitio— sigue exactamente ese patrón. José Boronat y Alejandro Beltrá salieron de las instalaciones de Payá el 1 de enero de 1949 para montar su propia asociación de cuentas. No fueron los primeros ni los últimos. Este fenómeno de essaimage industrial —trabajadores que se independizan y generan nuevas empresas en el mismo sector— convirtió Ibi en algo único en España: un ecosistema industrial completo, con proveedores, formación, competidores y colaboradores, todo concentrado en un municipio de unos pocos miles de habitantes.


La crisis, la quiebra y la cooperativa

A partir de los años setenta, el viento cambió de dirección. La crisis energética de 1973 encareció las materias primas y los costes de producción. Los juguetes electrónicos y los videojuegos empezaban a disputar la atención de los niños. Y, sobre todo, la competencia asiática comenzaba a ofrecer productos mucho más baratos que los fabricados en Ibi.

Payá Hermanos acumuló deudas y tensiones internas que fueron insuperables. En 1984 declaró la suspensión de pagos y la empresa se transformó en cooperativa. Los trabajadores intentaron mantener viva la producción, pero el mercado no daba tregua. En 1990 cerraron la fábrica de Ibi y trasladaron parte de la producción a China. No fue suficiente. En 2006, Payá Hermanos entró definitivamente en proceso de liquidación, cerrando más de un siglo de historia.

El legado: un museo, unas series limitadas y una ciudad transformada

Ibi en 1900 era un pueblo de 3.600 habitantes dedicados a la agricultura. Hoy supera los 23.000. Esa transformación tiene nombre: industria juguetera, y Payá Hermanos fue su detonador. Los fondos históricos de la empresa —más de cuatro mil piezas— forman el grueso de las colecciones del Museo Valenciano del Juguete de Ibi, ubicado en la antigua fábrica. Es uno de los museos del juguete más importantes de Europa.

La cooperativa que surgió de las cenizas de la quiebra sigue viva de una forma singular: reproduce en series limitadas de 5.000 unidades los juguetes que fabricó Payá en los años veinte y treinta, usando los moldes originales. Es una forma de mantener vivo el oficio y de ofrecer a los coleccionistas de todo el mundo piezas que son, al mismo tiempo, historia y objeto nuevo.

Quienes superan la cincuentena aún asocian el nombre Payá a trenes eléctricos, coches dirigidos y juguetes de lata. Esa huella en la memoria colectiva es, quizás, el mayor logro de una empresa que fabricó ilusiones durante más de cien años.

Para quienes nos dedicamos al coleccionismo y a la recuperación de estas piezas —desde proyectos como Retrojoal, desde talleres de impresión 3D, desde vitrinas particulares de toda España— la historia de Payá Hermanos no es solo historia. Es el punto de partida de todo. Sin aquella tartana de hojalata pintada a mano en Ibi a finales del siglo XIX, nada de lo que vino después habría sido posible.